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Cómo crear un jardín ecológico

Ya sea que dispongas de un espacio o pienses crear uno, es posible tener un jardín ecológico o convertir uno convencional en ecológico, considerando una serie de pautas.

El primer paso será diseñarlo, analizar las posibilidades y planificarlo considerando el espacio que dispones, elevaciones, zonas de sol y de sombra, tipo de suelo y cantidad de agua necesaria.

Expertos diseñadores afirman que el jardín debe comenzar en el punto en que se detiene la vista cuando llegas a él o cuando miras tu jardín a través de la ventana.

Ten en cuenta la biodiversidad. En el momento de seleccionar el tipo de plantas a cultivar es importante que consideres sus posibilidades de integración para lograr un jardín armónico.

Debes analizar y trabajar el suelo: un suelo sano produce plantas con buenas raíces, fuertes y productivas. Para que se conserve en buen estado es importante que contenga la mayor variedad de organismos vivos: bacterias, hongos y lombrices.

Una de las funciones de las lombrices es ventilar y drenar el suelo. Pero no solo deben trabajar las lombrices, es necesario remover la tierra a conciencia para lograr un suelo acolchado y aireado. Con esta tarea se enriquece el suelo de manera natural. Además es recomendable mezclar con la tierra pequeñas piedras de río o conchas de moluscos trituradas que contribuyen al mantenimiento de la humedad y a la protección de los efectos erosivos del viento y de la lluvia.

Para mejorar la calidad del suelo también se puede utilizar sustratos ecológicos: la composta o compost. Puedes prepararla en un rincón del propio jardín, desarrollando otra acción ecológica que te permite disminuir los residuos sólidos generados en tu hogar.

Control de plagas: por miedo a que destruyan las plantas, tendemos a matar cualquier insecto que encontremos en el jardín, pero muchos son útiles, hay animales beneficiosos que nos ayudarán a mantener bajo control las plagas y enfermedades del jardín.

La importancia de diseñar y planificar el jardín, según nuestras posibilidades y según las características del espacio disponible. La base de nuestro jardín es el suelo y debemos trabajarlo, un suelo sano produce plantas sanas, resistentes y productivas.
¿Cómo lograremos esta sanidad? ¿Cómo se logra que los organismos que viven en él contribuyan a su buen estado?
La primera medida es remover la tierra para airearla. Las plantas necesitan tierra suelta para desarrollar sus raíces, pero no es necesario cavar en profundidad, es suficiente con veinte centímetros. El resto lo hará las lombrices de tierra que llegarán al notar la tierra esponjosa y continuarán con la tarea de ventilar y drenar el suelo, permitiendo la vida de otras bacterias y hongos beneficiosos.
Otra medida es abonar la tierra, pero como estamos con mentalidad ecológica, no vamos a recurrir a los químicos, sino a lo orgánico. Tenemos dos maneras de conseguirlo, comprar el compost o mejor aún, prepararlo nosotros mismos.

Para eso, debemos destinar un rincón en el jardín donde colocar un cajón con tapa, en el que iremos depositando los restos de las hierbas que arrancamos al preparar la tierra y todos los residuos vegetales de la cocina, cáscaras de huevo y frutas. Con ésta medida, nos beneficiamos doblemente, porque reducimos la cantidad de basura que desprende mal olor, disminuimos los residuos sólidos que se generan en el hogar, ayudamos a cuidar los recursos y devolvemos con nuestras propias manos a la tierra lo que le pertenece.

El crecimiento vigoroso de nuestras plantas, dependerá del aporte de nutrientes adecuados, de los microorganismos útiles del suelo y de la conservación de la humedad. Una vez preparada la tierra, debemos cubrir el suelo con hojas secas para mejorar su fertilidad y conservar su textura.En los jardines y huertas orgánicos, la paja y los restos de vegetales se pueden emplear para hacer el mulching, un colchón que cubre los terrenos recién cultivados, evitan la erosión, protegen el suelo del sol, la lluvia, el frío y el viento.

 

Cómo se prepara el compost

El término compost tiene origen anglosajón y se emplea para describir la descomposición de materia orgánica en un equilibrio adecuado, considerando la cantidad de humedad, nitrógeno y celulosa que contiene dicha materia.

Un exceso de materia orgánica húmeda, como el césped recién cortado o hierbas recién arrancadas hará que se pudra o producirá fermentaciones negativas para las raíces de las plantas que pretendamos fertilizar.

El exceso de materia seca como hojas o paja también es perjudicial, porque impedirá la proliferación de bacterias y microorganismos encargados de la correcta descomposición de los deshechos orgánicos.

Para la elaboración del compost podemos emplear: ramas de la poda, restos de la cosecha, césped al día siguiente de ser cortado, restos orgánicos de la casa, periódicos, cartones y papel cortado, hilos, plumas, pelo, lana, ceniza y estiércol de todo tipo.

Las hojas verdes son ricas en nitrógeno, la paja y los vegetales tipo leña son ricos en carbono. Podemos añadir arena para corregir posibles carencias de la tierra, cenizas que resultan ricas en potasio. El estiércol fresco proporciona el nitrógeno necesario para la vida bacteriana, además de las propias bacterias que contiene y aceleran la fermentación.

El compost se puede realizar de varias formas. Una de ellas es la denominada “en superficie”, que es la más sencilla porque simplemente debemos esparcir directamente sobre las plantas la materia orgánica, con el añadido de proteger el suelo de los elementos climáticos.

Otra forma de prepararlo es “en montón” y tiene la ventaja de controlar todas las fases de descomposición y obtener el tipo de compost adecuado al uso que pretendamos darle. Si vemos que está demasiado seco podremos agregarle agua y si está muy húmedo moverlo o agregarle elementos secos. Cada cierto tiempo se abre la tapa del recipiente y mezcla la materia para comprobarlo.

Existen diferentes tipos según su grado de descomposición.

El compost fresco o poco descompuesto es el que ha sufrido una fermentación de pocas semanas y se utiliza para el abonado de fondo.

El compost descompuesto es el que ha tenido una fermentación de entre dos y cuatro meses. Se utilizar en la fase productiva del cultivo por su rápida absorción.

El compost maduro o mantillo es aquel que ha estado en descomposición durante uno o dos años y se emplea para cubrir los sembrados.

Lo recomendable es utilizar compost en sus diferentes fases.

Para preparar compost en nuestro jardín hay que tener en cuenta algunos detalles.

*Seleccionar un lugar con sombra y resguardado de los vientos.

*Debemos tener a mano una toma de agua para cuando necesitemos humedecerlo.

*Es conveniente que esté cerca del sitio donde vamos a usarlo.

*Hay que disponer de espacio suficiente para moverlo

*El compost correctamente elaborado no tiene porque desprender mal olor, pero es mejor no arriesgarse y prepararlo lejos de nuestra casa.