Cambio climático y crisis alimentaria mundial ?>

Cambio climático y crisis alimentaria mundial

Los precios del trigo y del maíz se triplicaron, y el del arroz se multiplicó por cinco, lo que causó disturbios en más de 20 países y sumió en la pobreza a 75 millones de personas más. A diferencia de otras crisis anteriores causadas por una escasez a corto plazo, esta subida de los precios coincide con un año en que la cosecha de cereales ha sido excepcional en todo el mundo. Esta vez, el alza de los precios fue un síntoma de un problema más grave. Puede decirse que durante buena parte de la última década el mundo ha consumido más comida de la que ha producido. El crecimiento de la productividad agrícola es de apenas un 1 ó 2 por ciento anual.

Se prevé que el cambio climático, con estaciones más calurosas y una progresiva escasez de agua, reduzca las futuras cosechas en gran parte del mundo, lo que aviva el fantasma de una crisis alimentaria permanente. En un momento en que la población mundial se encamina hacia los 9.000 millones de habitantes para mediados de este siglo, los expertos indican que será necesario duplicar la producción actual de alimentos antes de 2030.

Estos son algunos datos que pueden ayudarnos a comprender la situación actual:

– Durante la mayor parte de la década pasada hemos consumido más alimentos de los que se han producido.

– El aumento de la población, que llegará a 8.000 millones en 2025, es el principal motor de la creciente demanda de alimentos.

– El maíz necesario para producir 95 litros de etanol alimentaría a una persona durante un año.

– El 35% de los cereales del mundo se usa para alimentar al ganado, no a las personas.

– Los más pobres entre los pobres son los más afectados por el aumento de los precios de los alimentos, que se mantienen en niveles históricos.
Con las reservas alimentarias en descenso y los precios en aumento, el calentamiento global podría llevar al planeta más allá de sus límites. La crisis alimentaria mundial no se ha producido de la noche a la mañana. Durante los últimos diez años, la producción de cereales no siempre ha logrado mantener el ritmo del aumento del consumo, lo que ha hecho que se reduzcan las reservas. Es evidente que necesitamos producir más alimentos, pero disponemos de una cantidad de tierras fértiles limitada. Para aumentar la productividad de las tierras ya cultivadas hay que recurrir al riego, pero las fuentes de agua dulce también son escasas. En los próximos decenios el cambio climático podría causar pérdidas de las cosechas en algunas de las regiones más pobres. El actual desafío no se reduce a sobrellevar una subida a corto plazo del precio de los cereales, sino a encontrar maneras de evitar una crisis alimentaria permanente.

Un informe de Naciones Unidas de 2008 concluyó que el mundo tendrá que cambiar radicalmente la forma de producir alimentos, teniendo en cuenta el crecimiento de la población y el cambio climático. Con el crecimiento de la producción de cereales cercano al estancamiento y el aumento de la demanda, algunos expertos consideran la ingeniería genética como la mejor baza para producir más alimentos con la menor repercusión ecológica. Otros creen que podemos mejorar la productividad con métodos sostenibles como la agricultura biológica y el regadío inteligente.
La agricultura sostenible, con métodos como el compostaje, la agros ilvicultura y la plantación intercalada de leguminosas, han demostrado su capacidad para mejorar suelos degradados, aumentar la productividad y reducir la dependencia de plaguicidas y fertilizantes sintéticos. Aumentar la fertilidad de las tierras agrícolas ya existentes es crucial, porque quedan muy pocas por añadir a la producción sin destruir bosques y humedales de vital importancia.

Un riego más racional podría aumentar el rendimiento del 80% de las tierras agrícolas que actualmente no se riegan, con técnicas de ahorro de agua tales como el control de la humedad del suelo y el riego por goteo. El abonado mediante rastrojo y los cultivos de cubierta son soluciones eficaces y de bajo coste.
Estudios recientes del clima indican que las olas de calor extremo, como a que en 2003 malogró las cosechas y se cobró miles de víctimas en Europa occidental, probablemente serán muy frecuentes en las regiones tropicales y subtropicales antes del final del siglo. Los glaciares del Himalaya que hoy suministran agua a cientos de millones de personas, así como al ganado y las tierras agrícolas en China y la India, se están fundiendo con rapidez y podrían desaparecer por completo antes de 2035. En el peor de los casos, la producción de algunos cereales podría reducirse entre un 10 y un 15% en el sur de Asia meridional antes de 2030. Los pronósticos son aún más sombríos para el sur de África, una región que ya padece escasez de agua e inseguridad alimentaria, donde la cosecha de maíz, un bien fundamental, podría disminuir entre un 30 y un 47% si se cumplen los peores augurios. Mientras tanto, sigue sonando el tic-tac del reloj demográfico a un ritmo de 2,5 bocas más que alimentar cada segundo.